Mis primeros empleos: de hacer camas a poner cafés

Sí, a mí también me tocó limpiar váteres en Inglaterra. Yo, no iba a ser menos. Una experiencia más entre la de cientos de jóvenes emigrantes que llegan a Reino Unido en vuelos low cost buscando un futuro “mejor”. Algunos de ellos, ya han contado sus historias en internet e incluso hay quien ha llegado a escribir un libro con su experiencia. Un chico que, cabreado con el mundo, un día, le dio por escribir en twitter:“ Tengo dos carreras, un máster y limpio baños en Londres”, revolucionó las redes sociales, saltó a la prensa, le editorial Planeta le fichó y, ahora, su experiencia se puede comprar en librerías. La mía, ya la podéis leer aquí. Cambio de nombre, de edad, de carrera o apellido, pero ya veis que, como él, cientos.

El caso, es que no se me ocurría cómo empezar a contar mi historia y tuve un par de intentos fallidos en varias ocasiones. Borré, retoqué y reescribí cien mil veces ese primer párrafo sobre mi primera experiencia laboral en Inglaterra, pero la inspiración no vino a mi encuentro y decidí aparcar la hoja en blanco por un rato o por un largo  periodo de tiempo, mejor dicho. Me topé con ella un domingo a las dos de la mañana, con un par de vasos de vino encima y escuchando una de esas canciones pastelosas que te ponen los sentimientos a flor de piel. Me abordó silenciosa en uno de mis momentos débiles, en uno de esos días malos en los que echas de menos las sábanas recién limpias de casa y el olor a hogar que dan las lentejas de tu madre. Uno de esos días en los que no le encuentras sentido a estar tan lejos, sobre todo con la Navidad a la vuelta de la esquina. Y ahí, piensas en pillar un billete de vuelta e irte igual de rápido que has venido. La segunda opción es agarrar el ordenador y escribir sin parar.

Casitas de playa en la zona de Hove, Brighton

Casitas de playa en la zona de Hove, Brighton

No encontraba el enfoque, ni las ganas, ni el entusiasmo necesario para expresar cómo me sentí la primera vez que me vi con el traje de faena y el mocho de limpiar el polvo. De hecho, pensaba pasar por alto esos primeros días en los que no me reconocía a mí misma en el espejo con esa cesta llena de productos de limpieza y una escobilla del váter. Pero, más tarde reflexioné y decidí no contar la película a medias, porque hasta los finales más gloriosos (si es que los hay) tienen inicios duros. Y no quisiera que nadie me malinterpretara, que limpiar es muy digno y todo eso. Esa cuestión no entra a debate, pero supongo que todos estarán de acuerdo conmigo en que limpiar no es la opción más deseable ni justa para los jóvenes de la generación más preparada.

Así, en mi día libre y tras una semana de infarto trabajando a destajo 9 horas en Tiger en plena campaña de Navidad (mi cuarto empleo desde que llegué), no se me ocurrió otra cosa que rescatar de mi memoria esas emociones del primer momento en el que me vi en ese pequeño cuartillo derruido y viejo del número 9 de la calle Regency, rodeada de sábanas y toallas (limpias y sucias), de aspiradoras, fregonas y productos desinfectantes que no había visto en mi vida. Con una cesta a cada mano. La de reponer el jabón, el café y los dulces (de la que solíamos picar algo entrehoras, cuando el jefe no nos veía) y la que estaba llena de trapos y lejía. Tengo que reconocer que aparte del día de limpieza establecido en mi piso de estudiantes, donde nos repartíamos por semanas cocina, baño y salón, nunca he sido muy propensa a coger una escoba por amor al arte.

En un principio, rehuía de ese tipo de empleos y lo único que intentaba era arañar horas al día para encontrar otra cosa en el sector de la hostelería o en el textil. Pero, no es fácil al principio, y la premura de encontrar un trabajo lo antes posible para poder afrontar gastos y no tirar de ahorros, pudo conmigo. A los cuatro días de estar en Brighton y aún viviendo en el hostal, una amiga me ofreció trabajar en un hotel y no lo pude rechazar. Con el autobús a 2,50 libras, los cafés a 3 y la pinta de cerveza a 4, no me lo pensé.

El sueldo no era mucho, el mínimo inglés establecido por ley: 6,50 la hora. Por eso, era mejor no ser muy rápida haciendo las tareas, ya que de eso dependía tu salario. En otros hoteles, a las chicas les pagan por habitación, aquí no. Mejor. Así te entretenías en pasar el trapo cuatro veces por el mismo sitio.

Brighton Wheel en el paseo marítimo, uno de los atractivos de la ciudad.

Mi primer curro en un pequeño hotel de 13 habitaciones de estilo victoriano en pleno paseo marítimo, con una vistas impresionantes al antiguo Pier desde la habitación 3 (la suit) y unas escaleras de infarto que le hubieran destrozado las rodillas, de tanto subirlas y bajarlas, hasta al mismísimo Robocot. Toallas mojadas arriba, toallas mojadas abajo, sábanas limpias arriba y abajo. Pero lo peor era cargar con la aspiradora hasta el último piso sin ascensor. Cinco plantas de gimnasio gratuito, en la que, mis compañeras y yo, nos hartábamos de asistir a la clase de GAP (Glúteos, Abdominales y Piernas). A partir de ese día, mis músculos llevan grabado a fuego ese movimiento de subir y bajar escaleras y con solo ver unas, me entran agujetas.

Mis compañeras, también españolas. Una de ellas, licenciada en Audiovisual, la otra Periodista. Desde luego, que ni a posta. Todas del sector de la comunicación. Jóvenes en paro en la búsqueda de su primera oportunidad laboral en un país donde, aunque hay trabajo, no es tan fácil escapar de ese primer empleo haciendo camas o friendo patatas en un McDonald’s. Mi jefe: un entrañable y solitario inglés de 45 años con problemas con la bebida. Un cuatro por cuatro, con la cabeza llena de canas, muchas aventuras y con un punto de locura. Apasionado de blue roll (rollo de papel con el que se limpia todo en Reino Unido y los ingleses no saben vivir), de la vela y de las salchichas del Lidl, con las que solía hacer el desayuno. Le conocimos alguna que otra novia que solía llevar al hotel, pero nada importante. Se convirtió en un buen amigo con el tiempo con el que poder practicar el idioma sin necesidad de tener que afinar muchísimo el oído porque su acento era bastante claro.

A pesar de que sólo trabajé allí durante dos o tres semanas, tengo unas cuantas anécdotas graciosas que contar, acompañadas de más de un episodio de risa floja. Éstas pasan por las típicas pilladas a clientes en la habitación cuando vas a hacer el servicio de habitaciones hasta gritos desesperados de la quinta a la primera planta del hotel llamando a mi amiga, porque no encontraba la entereza suficiente para quitar esos regalitos inesperados que algunos clientes te dejan de recuerdo. Y sin entrar en detalles que cada uno imagine lo que quiera.

Así, en tres semanas, dejé el hotel, me despedí de mis primeras amigas, agarré mi macuto y  me marché. Mientras bajaba por las escalares con camino a lo desconocido, me volví a mirar en el espejo y me reconocí. Valiente, con ganas de comerme el mundo y con el periodismo en vena y en mi imaginación me sentí como esa presentadora de cuatro del programa 21 días (justo el tiempo que estuve limpiando). Una experiencia más que contar a los nietos. Pegué un portazo, sonreí para mis adentros y salí a respirar el aire del seafront convencida de que quien no arriesga no gana.

3 pensamientos en “Mis primeros empleos: de hacer camas a poner cafés

  1. Bueno, he visto tu publicación en el “Me gusta” de un amigo y me he decidido a dejarte mi opinión sobre tu experiencia.
    Como bien dices, todo trabajo es digno… y a la “generación mas preparada” según tu, le cuesta verse así, no es lo mas justo… Aunque claro, eso ocurre con los que han tenido la suerte de dedicarse de lleno a sj carrera sin preocuparse de mas (como tu, en este caso) Pero existe la otra cara de la moneda, la “generación preparada” que pone hamburguesas en McDonald y limpia baños en una discoteca, no se que es peor, si los de la disco o los de tu hotel… (y este es mi caso)
    Entonces claro, al leerte yo si que me reconozco en el espejo con cubo y fregona en mano… y jamás necesité pegar gritos de indignación o falta de entereza como los que cuentas. Porque a diferencia de ti (según das a entender) Yo SI NECESITABA ese trabajo. Parece que es la diferencia entre aguantar ciertas cosas o no! De hecho estoy agradecido por contar con esa experiencia que ahora me ayuda a encontrar otro tipo de trabajos, mientras que de lo mio no sale nada. Buscarías tu este tipo de trabajo? Supongo q SI LO NECESITARAS SI.
    Y aquí hago mi última reflexión… No creo que INMIGRANTE sea tu palabra, viene grande para este texto. El inmigrante llega al extranjero dispuesto a todo, porque si el primer trabajo que sale no es el que esperaba, está convencido a aprender el idioma a la perfección y seguir limpiando WC hasta que la oportunidad llegue…. inmigrante no es irse a Londres con el dinero de papá y mamá para aprender inglés, hacer como que se trabaja jodidamente duro picando piedra en la mina y volver a casa contando una experiencia de 3 SEMANAS en un curro que en España desarrolla mucha gente y desprecias con tus palabras.
    POR ESO NO…. INMIGRANTE NO….

    • Desde luego, que no tienes ni idea de mi vida para hablar así. Lo que cuento aquí es una experiencia personal, de cómo me sentí y de cómo lo viví. Y tal vez, debieras seguir leyendo para enterarte bien de las cosas y no juzgar así a la gente. Sí, si me hacía falta el empleo, al igual que a tí. Pero, me la jugué y punto. Dinero de papi y mami, ninguno y apuros económicos, muchos. Sigo en el extranjero, he mejorado en el empleo y he aprendido mucho más ingles. Porque, seamos sinceros, limpiando váteres, poco inglés se aprende. De todas formas, yo no juzgo a nadie. No volví a casa a las tres semanas y la academia la pagué de mi bolsillo y tan solo pude ir un mes porque no me llegaba el dinero. Me alegra que leas el blog y te invito a que sigas leyendo y si estás indignado, como me imagino (por el tono de tu crítica) que lo estás, indígnate también (que tenemos derecho) y no la pagues conmigo.

  2. Hola soy la indignada 5.400.000. Queria decir que me siento muy ligada a tu historian Azahara, yo estuve también limpiando váteres, cocinas,… Y lo dejé no porque creyera que fuera indigno sino porque creía que me merecía algo mejor por haber estudiado tantos años y haberme formado con el objetivo de encontrar un trabajo mejor. Alicia…. Deja el país de las maravillas. Saludos y un beso

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