Mis primeras impresiones

Mis primeras impresiones

Los primeros días nos alojamos en un hostal llamado Beluchi  que se encuentra junto al paseo marítimo y justo al lado de uno de los principales referentes de la ciudad, el archi conocido como Brighton Pier, una larga plataforma de madera que se introduce un par de kilómetros en el mar. Una mezcla entre un parque de atracciones y una feria ambulante que recoge toda clase de actividades lúdicas. El Pier representa una gran parte de la oferta laboral de Brighton.

La mayoría de los españoles trabajan allí durante los meses de verano tanto en los cacharritos (conocidos como rides) como en el restaurante o en los diferentes puestos de donuts y batidos de helado que te encuentras durante tu recorrido por este peculiar muelle. Es una construcción típica en casi todos los pueblos costeros de Inglaterra, pero el de Brighton, se lleva la palma y son muchos los visitantes que se acercan hasta aquí para llevarse una fotografía de recuerdo.

Mi amiga Ana trabaja allí desde que comenzó su historia brightoniana. Ella, empezó haciendo batidos helados en Moo Moos y más tarde, la trasladaron a Palm Court, el restaurante, donde lleva trabajando más de un año. Durante los meses de verano, cuando Brighton se llena de turismo, el Pier es un continuo ir y venir de gente. Allí, puedes jugar a las máquinas tragaperras, subirte en la montaña rusa, comer noddles hasta acabar harto o hacerte un tatuaje de henna, aunque lo más impresionante son los atardeceres que se contemplan desde allí del antiguo Pier, una plataforma victoriana del siglo XIX que se quemó hace diez años. Sus restos aún resisten los embates de la olas en mitad del mar y las gaviotas se posan en manada a la espera de ver caer el sol.

Vine a Brighton, entre otras cosas, para encontrarme a mí misma y he de reconocer que no hay nada que me haya ayudado más que las largas caminatas por el paseo marítimo escuchando música y los atardeceres en la playa junto al Old Pier. Eso sí, siempre con mi lata de cerveza que despierta la inspiración y abre la mente de vez en cuando. En Brighton aprendí a estar sola. Conmigo misma. A  disfrutar del silencio, de la lectura, de los paseos por la playa o a deleitarme con los atardeceres  con la única compañía de las gaviotas, otro de los referentes de la ciudad. Hay por doquier, tienen cara de malas y siempre van a intentar robarte la comida. Mis amigas las odian porque nos solían despertar con sus graznidos a las cinco a de la mañana y porque suelen cagarte encima cuando les viene en gana. A mí, ya me ha pasado tres veces, pero aún así, sigo pensando que le dan un toque especial a la ciudad. ¡Qué serían de Brighton sin sus gaviotas!

En verano, el paseo marítimo que se extiende a lo largo de la línea de costa por toda la ciudad, recoge a un sinfín de grupos de música de pop, rock o flamenco que salen a la calle a ganarse a algún dinero. Los cientos de terrazas se llenan de ingleses sedientos que venderían a su madre con tal de tomarse una cerveza y el paseo se llena de puestos donde poder comprar todo tipo de recuerdos.

Brighton tiene uno de los mejores climas de Inglaterra, que ya es decir.  Y es por eso que, durante los meses estivales, su población, se multiplica por dos. Al estar tan solo a una hora de Londres, muchos ingleses vienen a pasar el fin de semana, al igual que los granadinos bajamos a Almuñecar.

Aún me sigo impresionando con los atardeceres que se contemplan desde el paseo marítimo.Ese mismo paseo que cuando llegué se me tornaba tan vacío, en un mes de abril donde aún hacía bastante frío y no había ni un alma en la calle, excepto esos ingleses que salen de fiesta un sábado y van borrachos como cubas a las diez de la noche. Miraba a mi alrededor intentando predecir un poco lo que me deparaba el futuro y no tenía la más mínima idea. Además, nada de lo que te puedan contar o decir se asemejará a lo que vas a experimentar en primera persona. Cada uno siente a su manera, se emociona a su manera y se indigna a su manera con la situación de muchos jóvenes aquí. Aún así, todo tiene una lectura positiva.

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